Testimonios
& Críticas

Le Rendez-vous manqué

Wladimir Skouratoff con Toni Lander

El 3 de enero de 1958, en el Teatro Casino de Monte-Carlo, se levantaba el telón sobre la première mundial del ballet en 3 actos “Le Rendez-vous manqué”, música de Michel Magne, con coreografía de John Taras para los actos 1º y 3º y de Don Lurio para el 2º. Sus intérpretes principales eran Wladimir Skouratoff, Toni Lander y Noëlle Adam.

El evento obtuvo una gran convocatoria, ya que el hecho de que el ballet estuviera basado en una idea de Françoise Sagan, la joven escritora francesa que había alcanzado gran repercusión con su novela “Bonjour tristesse” en 1954, había logrado despertar la curiosidad general de público y crítica especializada.

 
 

Programa souvenir de Le rendez-vous manqué

El crítico inglés Peter Williams (Dance and Dancers, marzo 1958) brinda una extensa reseña sobre "la historia de la creación de Le rendez-vous manqué en Monte-Carlo", de la cual hemos extractado los siguientes párrafos:

(...) "Había escuchado por primera vez sobre el ballet de Sagan durante el último verano, estando en Sevilla. El empresario y director de la presente compañía Albert Sarfati, me contó sobre la idea durante un almuerzo en un día muy caluroso, antes de ir a presenciar una corrida de toros. En aquel momento, (Georges) Skibine iba a ser el responsable de la coreografía y posiblemente Picasso diseñaría algo de la escenografía, mientras que Jean Cocteau iba a diseñar y producir el resto."

(...) "Skibine no obtuvo el permiso de la Opera de Paris para ausentarse y crear la coreografía, y fue reemplazado por John Taras, para el primer y tercer actos, y por Don Lurio para el jazz moderno del segundo. El muy prolífico artista francés Bernard Buffet reemplazaba ahora a Picasso y Cocteau; el director cinematográfico Roger Vadim era responsable de la producción. La música estaba en manos de Michel Magne, a quien Skibine me había previamente descripto como "una especie de Stan Kenton francés". Originalmente, la cantante de cabaret Juliette Greco, para quien Sagan había escrito la letra de muchas canciones, iba a tener una parte importante en la producción, pero finalmente fue reemplazada por Noëlle Adam, una bailarina bien conocida en el cabaret parisién."

"EL ARGUMENTO: Un joven hombre, de una familia provincial burguesa, conoce a una joven mujer, que es elegante y muy bien recibida por doquier en parís. Por un corto tiempo ambos disfrutan de un breve affaire, pero llega el momento en que ella debe regresar a su esposo en Nueva York. Ella le promete al joven un último encuentro en su camino al aeropuerto de Orly.

El primer acto se abre con el joven solo en su apartamento, lleno de alegría ante el pensamiento del encuentro prometido. Trata de arreglar unas rosas en un florero pero accidentalmente lo rompe. Esto es seguido por un vals para el cuerpo de baile como rosas. Él se dirige entonces a la chimenea e inmediatamente las llamas cobran vida en un divertissement que incluye una danza española y un charleston. El reloj sigue marcando los minutos que pasan y el movimiento del péndulo se representa con un pas de deux. Finalmente tocan a la puerta – ¿será ella? El joven corre a abrir mientras cae el telón.

La continuidad está dada por el llamado repitiéndose en el segundo acto. Pero no es la joven quien llega, sino un grupo de personas que han elegido la casa para una fiesta sorpresa. Beben y bailan y el joven se ve atraído por uno de los recién llegados, la Vampiresa, con quien hace el amor en el baño. Hastiado de sí mismo, él echa a todos del apartamento.

Ya a solas, en el comienzo del acto tercero, el joven recuerda los episodios de su affaire con la joven – el encuentro en el quiosco de música, la revelación de que ella es una mujer rica, la primera vez que se amaron, la certeza eventual de que ella debe regresar con su esposo, la pesadilla. El se convence de que no volverá a verla y en su desesperación, se envenena. Se desploma en el sofá al tiempo que la joven llega para el encuentro prometido. El se recupera lo suficiente para bailar con ella por última vez, pero termina nuevamente en el sofá. Pensando que está simplemente dormido, ella va a besarlo, pero él rueda al piso – está muerto."

Skouratoff y Lander en el final de Le rendez-vous manqué

  

Con respecto al tratamiento de la historia, Williams opina: (...) "durante el primer acto completo, Skouratoff como el joven se pregunta si ella llegará y mientras espera queda atrapado en un divertissement que hace cobrar vida a varios objetos relevantes. El segundo acto tiene poco que ver con la historia, excepto brindar un elemento de jazz moderno, y probar que cualquier hombre puede llegar a ser tan infiel como cualquiera cuando la ocasión se presenta.

(...)(John) Taras es esencialmente un coreógrafo neo-clásico y su elección para el primer y último acto fue curiosa. Él proveyó algunos agotadores soli para Skouratoff, un ballabile para el cuerpo de baile de Rosas, un charleston y una danza española para las Llamas, y un interesante pas de deux, lo mejor del acto, para un reloj de péndulo. Todo esto estuvo ensamblado en la producción de (Roger) Vadim, que era tan desmañada como para desafiar la creencia de que un eminente productor fílmico pudiera haber sido responsable. Taras hizo, presumiblemente, lo que se le pidió, pero era evidente que difícilmente pudo haber tenido un gran interés en un caldo revuelto por tantos cocineros.

El segundo acto, coreografiado por Don Lurio, comenzó bien. Varios personajes excéntricos y existencialistas llegan para la fiesta sorpresa y sus movimientos tienen cierto sentido de comedia, si no de alguna originalidad perceptible. Sin embargo, a medida que la fiesta se vuelve alocada sus giros y conducta sexual se vuelven tediosos. La culminación con la ahora famosa escena de amor entre Skouratoff y Noëlle Adam en el baño es realista pero no muy chocante. Es difícil ver con qué propósito se realiza tal exhibición. Recordando cuán bellamente Roland Petit estilizó el acto sexual completo en la escena del dormitorio en “Carmen”, pensé que sin importar lo que los franceses hagan a este respecto, aún puede hacerse con tal gusto que pueda resultar aceptable y aún hermoso. De algún modo, ésto emerge cual sucias palabras inscriptas en las paredes de un lavatorio.

El último acto consiste en un número de cortas escenas como de revista, sin mérito particular aparte del largo pas de deux amoroso entre Skouratoff y Toni Lander, que fue indudablemente el punto más alto del ballet – pero ya habíamos esperado demasiado. Lo que Taras hizo – brazos y piernas enredándose – es teatralmente efectivo y, aparte de un movimiento, tiene estilo y gusto.

(...) El peso esencial de la danza recae sobre los hombros de Skouratoff, que está presente en cada acto la mayor parte del tiempo. El es un excelente danseur y lo que debe hacer cuenta como uno de los roles más extenuantes del ballet contemporáneo. Él baila por todo lo que vale y parece hacerlo sin esfuerzo. En donde su interpretación falla en el primer acto es que sufre demasiado. (...) De nuevo, ésto puede haber sido más una falla del productor que de Skouratoff mismo. En las últimas escenas, estaba ciertamente libre para sufrir cuanto quisiera."

 
 

John Taras ensayando
con Toni Lander y Skouratoff

 

La fiesta sorpresa: Skouratoff sucumbe
ante los avances de Noëlle Adam

                                                     

Como anécdota curiosa, refiriéndose a la escena del baño del segundo acto entre Skouratoff y Noëlle Adam, Williams relata: "(...) Todos parecían muy shoqueados por la escena del baño. La mañana siguiente al estreno, llegó un mensaje desde el Palacio para notificar que a menos que ciertas secuencias de la producción fueran modificadas, el Príncipe Rainiero y la Princesa Grace no asistirían a la segunda representación. Todo el mundo se puso a trabajar para limpiar algunas escenas. Para el momento en que el telón se volvió a levantar, los momentos ofensivos habían sido tan disimulados que el ballet podría haber sido dado en un jardín de infantes sin provocar preguntas embarazosas de los niños. Sin embargo, el segundo intervalo se prolongaba interminablemente y la partida palaciega no regresaba al palco real. Todos esperaban, imaginando que había habido realmente una retirada real. Eventualmente resultó ser que la Princesa Grace había debido hacer un llamado telefónico a New York y cuando finalizó, el ballet procedió a su correcta conclusión."

 
 

La causa del problema: Skouratoff y Noëlle Adam


La fiesta sorpresa

En una nota publicada en “La estafeta literaria” de Madrid en 1958, Pierre Meunier escribe: "(...) Un tanto descuidados por la crítica, los intérpretes fueron, a nuestro modo de ver, absolutamente estupendos. Wladimir Skouratoff, el cual danza casi siempre vestido con un jersey y un impermeable, realizó una auténtica proeza al mantenerse en escena sin interrupción con tanto brío."

 
 

 

Le rendez-vous manqué fue estrenado, como mencionamos, el 3 de enero de 1958 en Monte-Carlo. Inmediatamente después, fue presentado en Paris en el Théâtre des Champs-Elysées, y el 18 de febrero del mismo año en el Dominion Theatre de Londres.

En un breve comentario de Dance and Dancers previo al estreno en Londres, leemos:
"Pocos ballets han tenido más publicidad que Le Rendez-vous manqué (Broken date), que tuvo su première mundial en Monte Carlo el 3 de enero y de cuyo tema argumental era responsable la famosa novelista francesa Françoise Sagan. En este ballet hay dos escenas de amor de notable realismo. Una de ellas, que involucra a Wladimir Skouratoff y Noëlle Adam, tiene lugar en un baño. Me sorprendió que los franceses pensaran que esta escena era chocante, ya que actualmente están acostumbrados a tales incidentes en un escenario. Una vieja dama resumió la razón diciendo 'tú sabes, querido, si hubiera tenido lugar en el dormitorio hubiera estado perfectamente bien, pero mostrar tal cosa en el baño... no, ¡eso no funciona!'. Skouratoff se ve involucrado en una situación similar también con Toni Lander, y Londres tendrá oportunidad de demostrar si es más 'a prueba de choques' que los franceses cuando este ballet en tres actos se presente en el Dominion Theatre el 18 de febrero".

Portada de The Dancing Times (marzo de 1958),
Skouratoff y Lander

                                              

En un breve comentario de P.Garnier en The Dancing Times, leemos:
"Mucho ruido y pocas nueces
Nuevos Ballets en París"

"Le rendez-vous manqué tuvo su première en Paris en el Théâtre des Champs-Elysées el 20 de enero, frente a una elegante y selecta audiencia. Pocas veces han sido los críticos tan unánimes acerca de un nuevo ballet: “demasiada conmoción acerca de nada” fue el veredicto general."

"Es sorprendente que artistas del calibre de Toni Lander, Wladimir Skouratoff y John Taras hayan tenido fe en tal empresa."

"Uno admira, o no admira, el trabajo de Bernard Buffet. Ciertamente él ha tenido el éxito más grande, pero si Le Rendez-vous manqué es descripto como 'ballet', entonces es una pena que el decorado tome preeminencia sobre la coreografía y la música."

En el epígrafe de la foto que mostramos más arriba puede leerse:

"En camino al baño. Skouratoff y Noëlle Adam en un momento del segundo acto de Le rendez-vous manqué, ahora en el Dominion Theatre. El ballet fue exhibido en televisión el 11 de febrero y no demostró ser particularmente shoqueante o alarmante."

El año pasado, las Producciones Jacques Canetti publicaron en Francia un DVD titulado "Reggiani – Ses chansons, côté scène, côté coeur", documentando la obra del actor y cantante francés Serge Reggiani en donde figura una carta dirigida a Noëlle Adam, quien fuera su última esposa. Curiosamente, se incluyen como trasfondo de la voz de Reggiani, escenas de "Le rendez-vous manqué" en su estreno en el Théâtre des Champs-Elysées el 20 de enero 1958. Tales escenas, muy breves por cierto, se concentran como es obvio en Noëlle Adam, pudiendo tener apenas un atisbo de la presencia de su protagonista, Wladimir Skouratoff, en la escena final de la muerte del Joven, y posteriormente en el saludo final junto a sus partenaires en el escenario.

Todo ésto nos hace pensar inevitablemente en una suerte de injusticia que se ha dado permanentemente en la carrera artística de Skouratoff –primero como danseur y luego como coreógrafo– ya que, en casos como el que estamos comentando, no se menciona siquiera su nombre ni se muestran escenas en las que su participación sea tan relevante como lo era su protagonismo absoluto en este ballet.

Considerando además el hecho de que no existen muchos films que puedan inmortalizar a un danseur tan extraordinario –son muy escasos e imposibles de obtener, pues pertenecen a la televisión francesa o británica– nos queda un único consuelo, y es el de poder recuperar siquiera, en escenas fugaces como estas, la deslumbrante percepción de su increíble presencia escénica, que tuvimos durante aquellas inolvidables temporadas del Marqués de Cuevas en Buenos Aires en 1954 y 1956.

Agradecemos especialmente la gentileza de Elisabeth van Moere, gracias a quien hemos podido obtener el DVD que acabamos de mencionar.

Nota: Todas las ilustraciones corresponden a fotografías de Serge Lido, Paris, 1958.